FRANCISCO DE QUEVEDO
Aquest paio i altres de la seva
època, constituïen un segle daurat d’escriptors i moltes altres lloances
èpiques que ens ensenyaven a “cole” i “pobre de tu” que no seguissis aquella
Història i aquella Literatura. Era de “ obligado cumplimento “.
Malgrat tot, des de jovenet he guardat un full de paper, ara engroguit, escrit per mi mateix en una Olivetti d’aquelles més antigues que jo, a on vaig transcriure una descripció d’un personatge clergue que em sembla sublim pel detall i el vocabulari. Diu així :
>> ... Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo bermejo. No hay más que decir para quien sabe el refrán que dice : “ ni gato ni perro de aquella color “.
Los
ojos avecinados en el cogote, que parecía que mirava por cuévanos; tan hundidos
y oscuros, que era buen sitio el suyo para tiendas de mercaderes; la nariz
entre Roma y Francia, porque se le había comido de unas búas de resfriado, que
aún no fueron de vicio, porque cuestan dinero.
Las
barbes, descoloridas de miedo de la boca vecina, que de pura hambre, parecía que
amenazaba a comérselas. Los dientes, le faltaban no sé cuantos y pienso que por
holgazanos y vagabundos se los habían desterrado.
El
gaznate, largo como avestruz, con una nuez tan salida, que parecía se iba a
buscar de comer, forzada de la necesidad.
Los
brazos secos. Las manos, como un manojo de sarmientos cada una.
Mirado
de media abajo, parecía tenedor o compàs con dos piernas largas y flacas. Su
andar, muy despacio, si se descomponía algo, se sonaban los huesos como
tablillas de San Lázaro.
La
habla, ética. La barba, grande por nunca se la cortar por no gastar, y él decía
que era tanto el asco que le daba ver las manos del barbero por su cara, que
antes se dejaría matar que tal permitiese.
Cortábale
los cabellos un muchacho de los otros.
Traía
un bonete los días de sol, ratonando con mil gateras, guarniciones de grasa,
era de cosa que fue paño, con los fondos de caspa.
La
sotana, según decían algunos era milagrosa, porque no se sabía de que color era,
unos viéndola tan sin pelo, la tenían por de cuero de rana, otros decían que
era ilusión.
Desde
cerca parecía negra y desde lejos entre azul. Llevábala sin ceñidor , no traía
cuello ni puños, parecía, con los cabellos largos y la sotana mísera y corta, lacayo
de la muerte.
Cada
zapato podía ser tumba de un filisteo.
Pues,
¿ y su aposento ?, aún arañas no había en él.
Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen algunos mendrugos que guardaba. La cama tenia en el suelo, y dormía siempre de un lado por no gastar las sábanas.
Al fin, era archipobre y protomiseria ... >>

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